La obediencia a las leyes del Señor trae paz y confianza
  • El albedrío y la responsabilidad por las consecuencias de nuestras elecciones

  • Tenemos un don bastante valioso que es el albedrío, lo que significa que podemos elegir obedecer o no, sin embargo, toda elección trae consigo una consecuencia. De cualquier forma, cuando elegimos ser obedientes a las leyes del país, por ejemplo, estamos seguros de que nuestra libertad será mantenida.

  • Obediencia a los mandamientos de Dios por la libertad

  • Con las leyes de Dios funciona de la misma manera. Cuando somos obedientes podemos tener paz a través de la cofianza de que nuestra libertad, en este caso espiritual, será mantenida. Los diez mandamientos, por ejemplo, son las leyes a las que debemos obediencia para nuestro propio provecho. En el discurso, mencionó: "Un modo útil de pensar en los mandamientos es que ellos son un consejo amoroso de un Padre Celestial sabio y omnisciente. Su meta es nuestra felicidad eterna, y Sus mandamientos son el mapa de la historia camino que Él nos dio para volver a su presencia, que es el único camino por el cual ser eternamente felices. La obediencia a las leyes de Dios no sólo trae beneficios para aquellos que la obedecen, la obediencia posee un poder transformador y es capaz de influenciar a las personas que viven alrededor de aquel que es obediente.

  • La obediencia en la vida diaria y familiar

  • En el hogar, tal poder es fundamental para mantener la armonía familiar y proteger a la familia de las embestidas negativas que apuntan a su destrucción. Para aquellos que luchan por la familia, no podemos renunciar a tan grande poder.

  • Nuestro ejemplo de obediencia a las Leyes del Señor será el mayor legado que podremos dejar para las generaciones futuras. Si nuestros hijos tienen en casa la demostración de las bendiciones de obediencia, ciertamente perpetuarán ese comportamiento en el futuro porque sabrán por sí mismos, como testigos oculares, que la obediencia verdaderamente garantiza la libertad trayendo paz y confianza al hogar ya las personas individualmente.La obediencia a los mandamientos es la forma más efectiva de garantizar la paz individual y familiar, no una paz superficial y momentánea como ofrece el mundo, sino una paz real y concreta, duradera y capaz de influenciar a quien esté cerca.Jesucristo nos exhorta a seguir Su ejemplo y recibir la paz celestial:

  • "Os dejo la paz, mi paz os doy, no la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni se atemorice (...) Pero es para que el mundo sepa que yo amo al Padre, y que hago como el Padre me mandó. Levantaos, nos vayamos de aquí. (Juan 14: 27, 31).