La maternidad es divina
  • ¿Pero qué tiene que ver con la maternidad? Las personas pueden amarse unas a otras, pero ningún amor llega más cerca del puro amor de Cristo que el amor de una madre a su hijo. El amor descrito en I Corintios 13 como sufriente, benigno, que no busca sus intereses, todo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. El tipo de amor que nunca falla, sin importar la situación o la persona. Las madres aman a sus hijos sin importar cómo son, qué hacen o dónde están. Simplemente por qué su amor es divino.

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  • Las madres abdican la libertad de su propio cuerpo

  • Primero ellas cargan un ser que crece gradualmente en su vientre. A medida que el bebé crece ella puede pensar: ¿cómo este bebé que no para de crecer saldrá? Pero es valiente y sobrevive a dolorosos y traumáticos partos. Su cuerpo cambia completamente y ella acepta, pues ama a ese hijo y está dispuesta a enfrentar los cambios perpetuos. Ella alimenta a su hijo con dolor. Ella lo lleva en el regazo y él continúa creciendo. Su tiempo para cuidados consigo mismo es cada vez más escaso. Y ella hace todo eso con alegría y satisfacción.

  • Madres apoyan a los hijos sin juzgar

  • Enseñanzas y un ejemplo de amor son pasados ​​de la madre a los hijos. En este caso, los intentos a los hijos de ser mejores aplicando reglas para mejorar el aprendizaje. Los hijos crecen y no por eso la madre deja de amarlos o de desear su bien. Tal vez ellos no sigan lo que aprendieron. Tal vez ellos escojan hacer cosas que desagrad a sus padres, familiares ya la sociedad. Para una madre, él siempre será amado. Y a pesar de sus elecciones equivocadas y de su no concordancia, ella le ayudará e intentará cambiar su rumbo, apoyando y mostrando un camino mejor. Pero nunca quitará su poder de decisión. Sufrerá con sus elecciones, pero lo amará de la misma manera y ejercer la fe para que él cambie.

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  • Madres no desisten

  • Hay hijos sin ningún problema físico, pero hay los que los poseen. Las madres no renuncian a ayudar a tener una buena experiencia de vida sólo porque no oyen, no ven, no hablan, no se sienten o aparentemente se quedan ausentes. Ellas buscan oportunidades de crecimiento y alegría para ellos, proporcionando momentos agradables. Es posible ver una tímida sonrisa de estos hijos al sentirse amados y valorados a pesar de sus imperfecciones. Su amor por ellos es tan grande que muchas veces quien mira piensa: ¿Cómo ella consigue? ¿Cómo puede ser tan fuerte y valiente y servir de forma tan abdicada y aún dar cuenta de todas sus otras tareas?

  • leyendo la historia del Salvador en el Nuevo Testamento podemos ver exactamente las mismas cosas. Él entregó su cuerpo físico, sufriendo absurdamente para que toda la humanidad pudiera salvarse (Lucas 22: 39-71). Él siempre apoyó a las personas a su alrededor, enseñando, ayudando y perdonando (Juan 8: 5-11). Él nunca desistió ni desistió de ninguno de sus hermanos, sin importar las diferencias o deficiencias (Marcos 2: 1-12).

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  • Madres, así como no podemos pagar lo que Cristo hizo por nosotros, no hay nada que sus hijos puedan hacer para pagar el alto precio que ustedes invirtieron en cada uno uno de ellos. Su gran amor es visto por todos, y no importa sus dificultades o imperfecciones, ustedes siempre se salen bien como madres! El amor divino que ya nace dentro de ustedes compensa cualquier falta que pueda existir. Sus hijos pueden tardar en reconocer, pero siempre serán agradecidos por tanto amor dispendido a lo largo de su vida.