Cómo lidiar con un niño adoptivo difícil
  • Comienzo este artículo con una pregunta para la reflexión: ¿Cómo definir que un niño es difícil? Recordando que somos seres diferentes, que no hay en toda la faz de la tierra o nunca hubo en ningún período de su existencia una persona exactamente igual a la otra. Ni siquiera gemelos idénticos tienen iguales digitales y comportamiento completamente igual. Por eso, empecé el artículo con la reflexión y ahora completo con otra pregunta que tal vez responda a la primera: ¿Cómo definir que un niño es difícil y no las personas que se ocupan de ella?

  • Una vez asistió a una conferencia del presidente del Foro de Defensa del Niño y del Adolescente de Sorocaba, Yuri Gonzales, en la que sugirió que imagináramos lo siguiente: que vivíamos 24 horas en un mundo en que la mayoría de las personas a nuestro alrededor son dos o tres veces mayores que nosotros, que dieran órdenes y en todo momento nos decían qué hacer y cómo hacer, pero no siempre por qué hacer, que decían que necesitábamos aprender, pues nada sabíamos y hasta que nuestro lenguaje fuera diferente de ese grupo de "gigantes". ¿Cómo nos sentiríamos?

  • El detalle más interesante de esta simulación es que los "gigantes" exigían que nuestro aprendizaje fuera rápido, perfecto y no le gustaba mucho cuando no hicimos como ellos habían determinado y, como consecuencia de nuestros errores, llevábamos tapas, palizas, gritos, castigos, incluso sin entender el derecho donde habíamos equivocado. ¿Cómo nos sentiríamos?

  • La verdad es que el niño difícil es un paradigma definido por los adultos, por eso, ese tema está cortos en su colocación. Quien tiene que aprender a lidiar con el niño somos nosotros, los adultos, pues no la comprendemos y no nos comprenden, por eso existen tantos conflictos.

  • Con un niño adoptivo, la dificultad es mucho mayor, pues ella es un misterio y trae consigo muchos conflictos, dolores y traumas. Tengo la experiencia con mi hija, ahora con ocho años, que a los seis fue adoptada por una familia que la devolvió después de cinco meses, pues no supo lidiar con su carga de sufrimiento y ansiedad por la nueva situación. Ni siquiera sabía por qué actuaba de la forma en que actuaba. Cuando fuimos llamados en el Foro, las psicólogas y asistentes sociales nos dijeron que cuando ella llegó al refugio, por ocho meses ella no habló una sola palabra, se levantó la sospechosa de algún tipo de autismo. Pero un día ella comenzó a conversar con los otros niños, pero con los adultos, la convivencia siempre fue muy difícil.

  • En nuestra casa, tuvimos momentos de mucha lucha. Hubo un episodio en el que se quedó dos días sin bañarse. Si fuese uno de mis hijos biológicos, sería difícil que esto sucediera por la creación que tuvieron y por la relación que ya manteníamos, pero en el caso de eso, resolvería con una buena bronca y autoridad. Pero con mi hija adoptiva no adelantó, nosotros no nos conocíamos, yo no sabía su límite y ella no sabía el mío. La relación estaba sólo empezando, intenté varias técnicas, con cariño, sugiriendo un jabón nuevo y nada. Llegó el tercer día y la manera en que encontré de resolver el problema fue agarrarla por el brazo con toda paciencia posible en el momento y colocarla con ropa y todo debajo de la ducha y empezar a bañarse en ella. Ella lloró, se debatió, pero yo mantuve la calma y autoridad, diciendo que cada vez que ella no quisiera bañarse yo misma lo haría. Después del baño, la cogí en el regazo y me llevé a la habitación, la enjugé y me puse ropa en ella. En ese momento, ella sólo estaba enojada, pero ya no se debatió o lloraba. Cuando terminé, la abracé y dije cuánto la amaba y que quería cuidar de ella. Con esa experiencia, aprendí y comparto que el niño adoptado es "difícil", pues la situación en sí es difícil. En la misma época, supo de otro caso, el de una niña de diez años que fue a una familia que estaba enamorada de ella, pero tan pronto como las crisis comenzaron no resistieron, no supieron tomar el control de la situación mostrando que su vida ahora era otra, y tampoco entendieron que su vida tampoco sería la misma. Devolverla y hasta hoy vive en otro refugio.

  • El principal para tratar con un niño adopto que se comporta de manera MUY difícil, pues difícil ya será naturalmente, es seguir los siguientes consejos:

  • Asegúrese de su intención

  • con el acto de adoptar. Si es por pena, doña o compasión, la dificultad comienza ahí, pues el niño no actuará con gratitud. Ella está sufriendo con la separación de su antigua vida, sea cual sea la razón que la llevó a la adopción. Normalmente, ella no confía en las personas, tiene baja autoestima y soledad.

  • No cree la expectativa de que el niño actuará como los niños que usted conoce o como sus hijos biológicos. Recuerde, la situación es difícil y, automáticamente, actuará como un niño difícil.

  • Prepare el ambiente

  • para recibirla, pero procure no hacer grandes cambios, la rutina de la casa ya va a cambiar y todos de la familia deben ser conscientes de ello. Deje que el niño conozca todos los ambientes sin restricciones, para que entienda lo antes posible que forma parte del ambiente. Esto hará que se sienta más tranquila por la seguridad y la libertad que sentirá.

  • En los momentos difíciles de la crisis, de desobediencia, birra, pelea, recuerde que usted está al mando, que su autoridad de padre o madre debe prevalecer a cualquier amenaza que el niño haga. Pero no se olvide, el amor, el cariño y la seguridad deben estar en todo momento siendo mostrado para el niño en el momento de usar la autoridad.

  • AME incondicionalmente

  • Acricial sentirá ese amor y poco a poco va a ceder a él. Aunque nunca haya sido amada, ella va poco a poco, lentamente, creyendo en la posibilidad de que hay otra forma de vivir, con amor. Y, también, comenzará a amar. La adopción es un acto de responsabilidad antes incluso de amor y caridad, como las campañas que las entidades intentan pasar, para sensibilizar la adopción. La responsabilidad no está ligada, simplemente, a alimentar, vestir y calzar, lo principal es dar al niño la seguridad de que sea como sea, ella será aceptada y que la familia está dispuesta a vencer los desafíos por ella y con ella.

  • Otro día, mi hija adoptiva me preguntó cuando morir, y dije que no sabía, pero que, ciertamente, eso suceder en algún momento. Entonces, ella dijo: "¿Será que ese día va a ser sólo después de que ya sea grande?"

  • Ella todavía no me llama madre, pero después de 15 meses de convivencia, me respeta y me trata como su madre.