De la conyugalidad a la parentalidad
  • Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Catalina Rivero y se ha vuelto a publicar aquí con permiso.

  • Con la llegada del primer hijo habrá una transformación en el sistema familiar, en la medida en que éste es uno de los hitos del cambio de fase en el ciclo vital de la familia. Si hasta entonces la pareja estaba concentrada en su vida conyugal, junto a sus respectivos itinerarios individuales, hay ahora una nueva configuración: las dos personas continuarán viviendo su vida conyugal, sus vidas personales y profesionales, con la nueva función a nivel de la vida la parentalidad - serán padre y madre.

  • Podemos considerar que el gran desafío para la pareja reside precisamente en vivir la parentalidad en pleno, adaptando la vida conyugal a la nueva realidad. Los elementos de la pareja se enfrentarán con una nueva imagen de sí y del otro, así como experimentar emociones nuevas en calidad e intensidad, siendo que este proceso de transformación transcurre de forma muy rápida y acompañada de aprendizajes constantes en la prestación de los cuidados al cuidado bebé, con un sentido de responsabilidad muy grande además de incertidumbres constantes. Así, tener un hijo implica no sólo dar vida a un nuevo ser humano como a una nueva pareja. A la par de las transformaciones intrínsecas al sistema conyugal, hay todavía la redefinición de las relaciones con las respectivas familias de origen: la pareja deja de ser la generación más joven para integrar una generación intermedia - "sube de generación" - y en la familia de origen surgen nuevos papeles de abuelos, tíos, primos, etc. que participarán e influenciarán de algún modo la dinámica de los nuevos padres con su bebé, con una habitual reaproximación. La forma en que se gestiona la relación de la pareja con cada una de las familias de origen puede ser también un factor facilitador o no de esta nueva fase de vida. La vivencia de esta fase depende naturalmente de la calidad de la relación hasta entonces y de las expectativas de ambos - ahora más que nunca los elementos de pareja se beneficiarán de vivir en función del "nosotros", por oposición al "yo", de una relación basada en la cooperación, por oposición a la competencia (quien tiene más derechos, quien está dando mayor contribución, etc.). La cohesión y el apoyo mutuo en la pareja son facilitadores para superar el ineludible estrés que experimentar. Los estudios realizados por Gottman demostraron que al final de un año después del nacimiento del primer hijo, el 70% de las mujeres sienten gran insatisfacción con el matrimonio, y la insatisfacción de los maridos aparece más tarde, como una reacción a la infelicidad de la esposa. Para que la conyugalidad sea preservada, hay que aclarar y ajustar expectativas, compartir emociones y encontrar un reequilibrio en la relación, definiendo límites y roles, teniendo en vista la evolución de la familia que va a suceder, buscando soluciones y recursos para cada momento. Siendo una fase de gran entusiasmo hacia la llegada del niño, es natural, y dado el vínculo creado entre madre e hijo, que disminuya la disponibilidad para invertir en la relación conyugal. Hay efectivamente una fase de gran desgaste físico, con falta de sueño, con una atención muy orientada hacia el niño. Sin embargo, la pareja debe preservarse, si es verdad que, en gran parte de las parejas, hay un decrecimiento en la satisfacción conyugal, tal no tiene que ver con las tareas parentales en sí, sino con la ausencia de tiempo destinada a la vivencia conyugal. El par conyugal no le deja de ser por convertirse en un par parental - son papeles diferentes que deben ser considerados y ajustados a lo largo del tiempo. Quitar algunas horas por semana o mes para la vida conyugal, para su vivencia a nivel romántico y / o sexual, aunque pase por programar esos momentos, promoverá una relación más gratificante con ganancias también para el niño, en la medida en que va a aumentar la satisfacción individual (y conyugal) y disminuir los niveles de estrés. El espacio conyugal sigue siendo importante incluso después de haber creado el espacio parental, ya sea para una cena a dos, un paseo, un cine o para su vida sexual (se nota que esta es una de las áreas que preocupa a algunas parejas, por sentir algo el descenso de deseo, pero la pareja podrá hablar entre sí y encontrar maneras de mejorar su sexualidad, compartiendo y ajustando sus deseos y anhelos).

  • Hasta el momento del nacimiento, todo sucede en el mundo de la fantasía - el bebé en sí, ser padre, ser madre, la relación con las familias de origen, la continuidad de la carrera, etc. Por encima de todo, es muy positivo, para facilitar una entrada gratificante en la parentalidad, que ambos elementos quieran tener un hijo. Facilitará a los futuros padres compartir las expectativas y anticipar algunas situaciones: ¿qué esperan el uno del otro? ¿Cómo van a tratar con sus familias de origen? ¿Cómo pretenden gestionar las tareas? En términos económicos, van a necesitar apoyo exterior? ¿La casa está preparada para recibir al niño? Estas son algunas de las cuestiones que podrían tenerse en cuenta. En la fase de preparación de la pareja es importante tener claro que el nacimiento de un nuevo hijo no satisface eventuales necesidades de resolver problemas conyugales - a este nivel, si se considera, puede ser útil buscar un profesional de ayuda del área de la terapia de pareja.

  • Si es tiempo de estrés, es también tiempo de gran alegría y belleza! Traer un nuevo ser que nace de la relación y que contribuirá a una nueva dinámica en la familia podrá ser fuente de gran felicidad. Como cualquier cambio, habrá cambios y nuevas realidades creadas. La pareja tendrá una fase tan gratificante como conseguir aprovechar la oportunidad única de crecimiento personal y familiar, preparándose así para otros momentos de su ciclo vital. La parentalidad es una realidad creada para la vida que debe ser vivida de forma positiva y cooperante entre la pareja. Aprender a ser padre o madre sucede en la relación del día a día con el hijo (por más libros que se leen o consejos que se reciban!) En las experiencias vividas y emociones experimentadas. Es en la dinámica de los elementos de la familia que los momentos felices se crean y las sonrisas compartidas.