Siguiendo nuestro Salvador con toda nuestra mente, corazón y alma
  • Cuando estamos en un buen momento de nuestra jornada, vivir los ejemplos que Jesucristo dejó tal vez sea más fácil. Conveniente. Al menos para mí. No me importa ser gentil con los vecinos, en ser amable con la familia, en servir a alguien que lo necesite. No olvido de arrodillarse y hacer una oración a Dios, ni siquiera de tomar las escrituras para una lectura. Es agradable levantar los domingos para cumplir mis responsabilidades en la iglesia.

  • Pero cuando la vida comienza a salir del eje, cuando los problemas insisten en golpear la puerta sin parar y la tristeza y el desánimo recaen sobre mi casa ... Tengo que confesar, yo vacilo algunas veces. El olvido de seguir al Salvador en los momentos de prueba tal vez sea una de las formas de mayor ingratitud que podemos dar a Él. Después de todo, Él sufrió todo por nosotros en el jardín de Getsemaní y en la Cruz, los dolores físicos, espirituales y emocionales.

  • Jesucristo es totalmente apto para ayudarnos, conoce todos los sufrimientos. Cuando me recompongo y recuerdo lo que Él hizo por mí, consigo reaproximarse y percibir que es así como actúa. El Salvador siempre va a estar a mi espera, sin embargo, será yo quien tendré que dar el paso en su dirección.

  • Como cuando la mujer que tenía un flujo de sangre fue sanada. Ella que fue al encuentro de Cristo. Con fe y en medio de una multitud tocó las vestiduras del Salvador. Y Jesús habló en el libro de Lucas: "¿Quién me tocó?" Y, negando a todos, dijo Pedro y los que estaban con él: 'Maestro, la multitud te aprieta y te oprime, y dices: ¿Quién me tocó? Y dijo Jesús: "Alguien me tocó, porque bien conocí que de mí salió la virtud." Entonces, viendo a la mujer que no podía ocultarse, se acercó temblando y, postrándose ante él, le declaró ante todo el pueblo la causa porque le había tocado, y como pronto lo había sanado, y él le dijo: 'Tiene buen ánimo, hija, tu fe te ha salvado, va en paz'.

  • Ir hacia el Salvador y buscar la propia curación

  • De esa misma forma se espera de nosotros, que la gente pueda ir hacia Él, con fe, aunque las cosas no estén saliendo de la forma que imaginábamos. Seguir los pasos dejados por el Salvador y recordar que sí, la prueba puede ser dura, pero el amor de Cristo ameniza todos los sufrimientos transforma nuestra vida y nos deja ser más humildes. El mismo Cristo sufrió durante su ministerio en la tierra. Fue humillado, traicionado, siguió el camino de la decepción, la tentación y el dolor. Muchas de las tristezas que también pasamos. Pero, seguir a Cristo, no significa que necesitamos andar físicamente por donde él anduvo. El líder religioso, Thomas Monson, dijo al respecto: "No necesitamos caminar por las playas de Galilea o entre las colinas de Judea para caminar por donde Jesús anduvo. Todos podemos caminar el camino que Él caminó cuando elegimos seguirlo en nuestro viaje por la calle mortalidad, al dejar que sus palabras resonen en nuestros oídos, su Espíritu llene nuestro corazón y sus enseñanzas guíen nuestra vida. Monson también relató la experiencia de una mujer que visitó a Tierra Santa. Ella decía "caminé por donde Jesús anduvo". Sin embargo, el líder explica que, a pesar de haber pasado por lugares que probablemente Jesús haya pasado, "caminar físicamente por donde Jesús caminó es menos importante que andar como Él anduvo".

  • Nuestra brújula y mapa

  • Las escrituras hablan exactamente cuáles fueron los pasos del Salvador y es la mejor fuente que tenemos para saber cómo seguirlo. En sus parábolas y acciones nos dejó ejemplos de amor, caridad, servicio, humildad, bondad y compasión. El mapa completo para hacernos discípulos de Él. Él dijo: "Viene, y sígueme" y nos prometió la vida eterna si lo sigamos por toda nuestra vida. Para eso no necesitamos tener dinero, no importa nuestra edad, raza, estado civil, si tenemos o no un diploma de universidad. Debemos sólo seguirlo con toda nuestra alma, corazón y mente y dejar que nuestra vida sea moldeada de acuerdo con los deseos del Señor, como hizo Cristo.

  • Cada vez que puedo dejar mi ingratitud de lado y reconocer la necesidad que tengo de seguir en el camino del Salvador, recuerdo un verso en un marcador de libros que gané cuando aún era niño. "Cuando la vida se vuelve tan difícil que usted no puede soportarla, arrodillarse". Yo creo que Jesucristo siempre estará conmigo si así lo permito. Si usted lo permite. Si estamos siguiendo su camino Él afrontar con nosotros nuestros mayores sufrimientos. Él estará a nuestro lado.