Porque antes de entender a su cónyuge, usted debe entender a sí mismo
  • Hay un punto fundamental en la comunicación, que es quizás el corazón de su funcionamiento: eliminamos la posibilidad real de comunicación cuando queremos que nos escuchen en lugar de escuchar y entender a nuestro cónyuge, hijos, padres, etc. Y más: nosotros fallamos en el intento de comunicarnos cuando pensamos que todo gira a nuestro alrededor; es decir, asumir que lo que nuestro cónyuge dice o hace es por nuestra causa. Este es el origen de las distorsiones cognitivas, interpretar erróneamente lo que nuestras personas amadas nos dicen. Los autores Ellis y Harper, en 1975, dieron una lista de las más comunes distorsiones cognitivas. Todas ellas tienen el mismo origen: el pensamiento irracional de que todo lo que hace nuestro cónyuge, lo hace para usted, o que todo sucede alrededor de usted. Esto suele suceder en tres pasos:

  • 1. Nuestro cónyuge hace algo. 2. Tenemos un monólogo irracional en nuestra mente en el que atribuimos ciertas intenciones a esas acciones. 3. Sentimos una cierta emoción por nuestro cónyuge basado en ese monólogo irracional, no en los actos realizados por él. Esto significa que casi todas las cosas que nos irritan o molestan sobre nuestro cónyuge no están en él, sino en la forma en que interpretamos sus acciones, gestos y palabras.

  • Las dos formas más comunes de monólogo irracional se distinguen en dos tipos:

  • 1. Frases que lo hacen de víctima o que hacen de la otra persona al agresor, como "Mi marido sólo lo hace para molestarme."

  • 2. Generalizaciones envolviendo un "siempre", "nunca", "jamás", del tipo: "De ahora en adelante ...", "Nunca más voy a poder ...", y esas dos frases toman varias formas. A continuación, cito sólo las más comunes:

  • Polarización

  • Tiene que ver con el perfeccionismo. Ocurre cuando cualquier error de sus hijos o cónyuge le hace considerar que todo en ellos es un fracaso total. Quien tiene esa manía se olvida de que todos los seres humanos son hechos de luz y sombra. Y esa distorsión nos lleva a la segunda:

  • Filtro mental

  • Concentramos de tal manera en un detalle negativo de nuestro cónyuge que nos volvemos completamente ciegos para el resto de sus cualidades positivas. Conozco a personas que tienen el cónyuge casi perfecto, y sólo por un detalle que no les gusta en él son infelices, teniendo todo para una vida plena.

  • Lectura de la mente

  • Es la tendencia que tenemos de creer que sabemos lo que otros piensan y sus motivos ocultos, y de creer que el centro de esas acciones es nosotros mismos. El que sufre de ello generalmente ni siquiera se preocupa de verificar si estas intuiciones son correctas. De esa manera, crea expectativas que acaban cumpliendo debido a la propia interacción negativa con el cónyuge, que genera el cumplimiento de nuestras expectativas.

  • Generalización excesiva

  • Es cuando tenemos la tendencia de sacar conclusiones generales, basadas en un solo incidente. Lo peor es que son conclusiones absolutas y categóricas: "Nunca más voy a poder ...", "Todos los hombres son iguales", "Nadie nunca me va a amar", "Él siempre será un fracaso". Este tipo de pensamiento nos priva de la capacidad de cambiar a nosotros mismos ya nuestros hijos o cónyuge.

  • Personalización

  • Surge cuando nos colocamos como el centro de todos los problemas. Esto puede asumir dos formas:

  • 1. Estamos continuamente comparándonos con otros, o,

  • 2. Nos sentimos responsables de los eventos negativos que ocurren a nuestro alrededor. Y, como consecuencia, siempre queremos cargar el mundo sobre nuestros hombros.

  • Perfeccionismo

  • Ocurre cuando tenemos ciertas expectativas de nuestro cónyuge, y queremos que se ajuste a ellas, y cuando no está de acuerdo, nuestra respuesta es amargura, frustración, cinismo, en lugar de ser más flexible con nuestras expectativas.

  • Etiquetado

  • Podría ser resumido en la frase "un ser humano es medido por los errores que comete". Colocamos etiquetas en nuestro cónyuge, hijos, sogros o cuñados, y de ahí en adelante no las vemos más como personas que pueden cambiar; sólo vemos la etiqueta; los vemos como cosas (no personas) y casi siempre reparamos en aspectos externos y parciales.

  • Ahora, una vez más: lo que importa no es sólo saber cuáles son nuestras distorsiones cognitivas más importantes (aunque identificarlas es un gran avance en el proceso de mejorar nuestra comunicación con nuestro cónyuge). Sin embargo, es fundamental reconocer que casi todos los problemas de comunicación que tenemos con nuestro cónyuge resultan de esos diálogos internos, que distorsionan la manera como vemos las cosas y dañan nuestro sistema emocional.

  • Es muy importante percibir que nuestros sentimientos son modificados por nuestros pensamientos y, por eso, es bueno estar consciente de que las emociones y los factores apropiados se derivan de dos factores:

  • La evaluación realista de las diversas circunstancias, experiencias y estímulos ambientales.

  • Distinguir entre preferencias o deseos y necesidades reales, a fin de mantener una perspectiva adecuada y proporcional.

  • En 2001, una película muy hermosa fue puesto en libertad, que en portugués se tituló "Una mente brillante". La película cuenta la vida de John Forbes Nash, ganador del Premio Nobel de Economía en 1994, que desarrolló esquizofrenia paranoide. El interesante de la vida de este genio es que él se hizo consciente de su demencia y, dado que esta enfermedad es incurable, con mucho esfuerzo él consiguió vivir una vida más o menos normal o controlada. Ahora, ¿cómo esta historia se relaciona con nuestro tema? La forma en que Nash superó el estado crítico de su esquizofrenia no fue a través de la negación o eliminación de su lado ilusorio, pero logró superarlo al dejar de alimentarlo. Él dijo: "Todavía veo cosas que no están realmente allí, pero yo decido no verlas. Es como una dieta para la mente, decido no tolerar ciertos apetitos". Esto es, en mi opinión, la mejor manera de evitar las distorsiones cognitivas que todos tenemos: hacerse conscientes de ellas, y obligarse a no verlas, a no alimentarlas.

    • Traducida y adaptada por Sarah Pierina del original Por qué antes de entender a tu pareja, debes entenderte a ti mismo, de Oscar Pech.