La rabia tiene un solo remedio: Paciencia
  • Pero podemos cambiar eso. Dejar de sentir rabia, así como dejar de denominarla, es posible. Se trata de un desafío muy difícil, porque no hemos sido "enseñados" a ser así. Cada día nos encontramos con situaciones que prueban nuestros límites de tolerancia y paciencia. Y son en momentos así que los recursos interiores son más necesarios.

  • Cambiar la rabia por la paciencia es un acto que requiere atención y trabajo. Tal vez no seamos capaces de realizar completamente este proceso a lo largo de la vida, pero es importante que lo hagamos en favor de nuestra salud y que enseñemos a nuestros hijos que el rencor no es un sentimiento noble, sino una ilusión innecesaria.

  • Para empezar, ¿qué tal cambiar nuestras actitudes dentro de nuestra propia casa en el trato con los familiares?

  • 1. Diálogo entre marido y mujer

  • No existe ninguna ley que diga que los cónyuges deben estar de acuerdo siempre. Tal vez, si hubiera tal norma, muchos de nosotros sufriríamos sansones, pues cada uno fue creado de una manera diferente del otro y la adecuación puede tardar años. Pero el modo de hablar y las actitudes de uno con el otro pueden ser siempre mejorados. Ustedes consiguen ser más cariñosos, más amorosos, incluso cuando discrepan en algún punto. Recuerde que la rabia sólo surge si el orgullo de uno de ustedes es herido y para que ese orgullo sufra una lesión, su dueño tiene que ser superior a la otra persona. Si el matrimonio de ustedes permite jerarquías, algo está mal y ustedes necesitan hablar.

  • 2. Diálogo con los hijos

  • Luchar, golpear, castigar y humillar no son métodos constructivos de crianza de hijos. Nunca fueron y nunca serán. Son demostraciones de inseguridad de los padres. Los hijos llegaron a ustedes sin saber de absolutamente nada sobre la vida y lo que aprendieron sobre ella fueron ustedes quienes enseñaron. Por lo tanto, si quieren sentir rabia, deben sentir de ustedes mismos y no de la desobediencia de ellos. Ustedes están equivocados y no ellos. Intente tratarlos con amor y ver la respuesta. Puede tardar un poco, pero ustedes deben insistir.

  • 3. Diálogo consigo mismo

  • Este es el principal diálogo que debemos tener del momento en que despertamos hasta la hora en que vamos a dormir. Los budistas lo llaman la meditación, usted puede poner el nombre que desee. En realidad, eso es simplemente aquella historia de contar hasta 10 antes de hablar. Sólo que en vez de contar sin pensar en nada, no cuente, y piense en lo que va a hablar. Un ejemplo simple: Usted necesita concentrarse en el correo electrónico que está enviando y su hijo lo llama; usted pide que espere, pero como cualquier niño ahoga él continúa llamando. Usted puede dejar que lo desconcentre y usted explota o puede parar lo que está haciendo, prestar atención a él rápidamente, explicar que pronto quedará más tiempo con él y volver a enviar el correo electrónico. ¿Lo que es mejor?

  • No dejar que las situaciones, las personas y los pensamientos nos quiten la paz interior exige una fuerza tan inmensa al principio que sentimos voluntad de volver a ser las personas de antes, explosivas y malhumoradas. Pero después de algunos días de muchos esfuerzos - muchos incluso, en mi caso - todo adquiere otro significado. Los problemas no son más que problemas y no generan ansiedad. La rutina tiene comienzo y fin y no provoca insatisfacción. La vida tiene más gracia por la que tenemos menos expectativas en cuanto al futuro y más en cuanto al momento presente. Intente usted también. Tener menos rabia de las cosas, de las personas y de todo aquello que la gente ni sabía que podría generar ese sentimiento es muy bueno.