¿Por qué Dios envía a sus hijos a la Tierra?
  • Si nunca pensó en eso, tal vez sea el momento de empezar a pensar. Es un asunto que necesita ocupar nuestros pensamientos, pues dependemos de ese conocimiento para prepararnos para lo que está por venir.

  • Para entender el propósito de la mortalidad, es necesario comprender los siguientes puntos:

  • 1. ¿De dónde venimos?

  • No entraré en cuestiones doctrinales, basta afirmar que nuestra jornada eterna ha comenzado en la presencia de Dios, nuestro Padre.

  • 2. ¿Es mejor no traer hijos al mundo a tener que exponerlos a las vicisitudes de la mortalidad?

  • Esta es una INVERDAD ampliamente difundida. Muchos la usan como excusa para defender el aborto. Si así fuera, Dios no diría a Adán y Eva: "Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra" (Gén. 1:28). No fue mera sugerencia, sino un mandamiento. Por lo tanto es un error pensar que tanto hace una persona nacer o no. O que es mejor no nacer que nacer para sufrir.

  • Todos los hijos de Dios necesitan recibir un cuerpo mortal, de lo contrario, tendrán su progreso eterno barrado. Lo que cada uno de nosotros debe hacer es proporcionar a estos niños ambientes seguros para nacer, hogares llenos de amor, donde sus necesidades sean suplidas y principios correctos, enseñados.

  • Lea: ¿Por qué Dios permite el sufrimiento? 3. ¿Pero por qué es tan necesario recibir un cuerpo físico?

  • Obtener un cuerpo físico es fundamental para el progreso eterno de cada hijo de Dios, pues ¿cómo heredarán la vida eterna sin la resurrección? ¿Y cómo resucitar sin haber muerto? ¿Y cómo morir sin haber nacido? "Porque así como la muerte vino por un hombre [Adán], también la resurrección de los muertos vino por un hombre [Cristo]. (1 Cor. 15:21)

  • Cuando traemos hijos al mundo estamos no sólo apoyando el Plan de Salvación de nuestro Padre Celestial, sino formando una especie de sociedad con Él.

  • 4. ¿Y por qué la jornada mortal necesita ser tan dolorosa? ¿Dios desea que sufrimos? El Señor se alegra de vernos felices, y Él trabaja incansablemente para que eso suceda. Pero no hay felicidad sin paz de conciencia, y ésta, a su vez, está condicionada a la rectitud. Es decir, no hay como ser felices cometiendo errores. Por lo tanto, acabamos sufriendo a causa de nuestros pecados de dos maneras:

  • Sentirse tristeza y remordimiento por el error cometido (cuando tenemos conciencia del error) y perdiendo la paz de espíritu. Este sufrimiento es bueno y necesario, pues funciona como una señal de alerta. Él nos lleva al arrepentimiento sincero, tan fundamental para obtener el perdón divino y recobrar la paz y la alegría. "Porque la tristeza según Dios obra el arrepentimiento para la salvación" (2 Cor. 7:10).

  • Sentando tristeza, angustia y miedo a causa de las consecuencias de nuestras malas elecciones. Aunque consigamos arrepentirse de un error, muchas veces necesitamos lidiar con sus consecuencias.

  • Vivir en rectitud nos librará de esos sufrimientos, sin embargo, no estar inmunes a otros tipos de sufrimiento. Hay situaciones que escapan de nuestro control, como una crisis en la economía; catástrofes naturales; actos practicados por terceros, como violencia, ofensas, injusticia, persecución, etc .; las enfermedades y la muerte de un ser querido.

    1. Lea: Encontrando la felicidad duradera siguiendo las leyes de Dios

    2. 5. ¿De qué modo debemos encarar el sufrimiento?

  • El sufrimiento es un gran refinador de carácter. Entonces, en vez de ceder al orgullo, debemos concentrarnos en la búsqueda del arrepentimiento sincero. Y en vez de quejarnos de los infortunios, de buscar venganza o rebelarnos contra Dios, debemos aprovechar para reflexionar sobre la vida, apegarnos al Padre a través de oraciones más significativas, del ayuno, de la lectura de las escrituras y de otras prácticas espirituales. Debemos trabajar para revertir nuestra situación en vez de hundirse en la autocompasión.

  • 6. ¿Y cómo tratar con la pérdida de seres queridos?

  • Una verdad es irrefutable: todos moriremos, tarde o temprano. La muerte es parte esencial del Plan de Salvación de Dios. Necesitamos la muerte para progresar eternamente, pues, como ya se ha dicho, sin muerte no habrá resurrección. Sin resucitar, no estaremos aptos para heredar la vida eterna.

  • Si tenemos esa verdad en mente, será mucho más fácil aceptar la muerte, y la esperanza amenizará el dolor de la pérdida y de la nostalgia. 7. Y después de esa vida, ¿qué vendrá? En el momento oportuno, habrá una resurrección y un juicio: "Y dio el mar a los muertos que había en él, y la muerte y el infierno dieron a los muertos que en ellos había, y fueron juzgados cada uno según sus obras. "Y vi a los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios, y se abrieron los libros, y se abrió otro libro, que es el de la vida, y los muertos fueron juzgados por las víctimas cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. (Apoc. 20:12)

  • Y entonces nos será dado el "veredicto": "Y los que hicieron el bien saldrán para la resurrección de la vida, y los que hicieron el mal para la resurrección de la condenación. (Juan 5:29)

  • Hay alegría eterna reservada a los fieles.

  • Vivimos en los últimos días de esta Tierra mortal, y sobrevemos sobre nosotros "tiempos laboriosos" (2 Tim. 3). Es decir, nuestro viaje mortal no es ni será fácil. Sin embargo, vale mucho la pena pasar por la mortalidad, por todo lo bueno que podemos experimentar durante ese período y, principalmente, por todo lo que, gracias a nuestro Señor Jesucristo (Juan 16:11), nos aguarda en la eternidad, seamos fieles.

  • Lea: Cómo enseñar a los hijos a orar

  • Les dejo, como consuelo y estímulo, las palabras del Apóstol Juan, el Revelador:

  • "Vos ahora ... tenéis tristeza, pero otra vez os veré, y vuestro corazón se alegrará y tu alegría nadie te la quita. (Juan 16:22)

  • "Y Dios limpiará de sus ojos toda la lágrima, y ​​no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque ya las primeras cosas se pasan. (Apoc. 21: 4). "Quien vencer, heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. (Apoc. 21: 7)

  • "Bienaventurados aquellos que guardan sus mandamientos, para que tengan derecho al árbol de la vida, y puedan entrar en la ciudad por las puertas. (Apoc. 22:14)